Hace 20 años recuerdo estar sentada en la sala de la casa de mi mamá. Era apenas una adolescente
cuando exclamé: “Yo jamás podría ser una buena madre”, mientras observaba la paciencia infinita con la que ella atendía a los cuatro niños que cuidaba.
Más que por necesidad económica o porque cobrara mucho por hacerlo, los cuidaba para ayudar a las vecinas que debían salir a trabajar. Era un nivel de solidaridad que en aquel momento me resultaba difícil de comprender.
Hoy, con 37 años y dos adolescentes que yo misma traje al mundo, todavía me cuesta creer que puedo con esto de acompañar a dos seres humanos completamente distintos entre sí y orientarlos en esa enorme tarea que es vivir.
Pero vivir no solo en el sentido de respirar. Vivir bien. Con principios, valores, herramientas para enfrentar los desafíos, capacidad de autocuidado y criterio propio. Que cuando yo no esté, puedan cuidarse a sí mismos, tal como mi mamá logró que hoy yo pueda cuidar de ellos.
Sin embargo, actualmente enfrento uno de los debates más complejos de la maternidad: encontrar el equilibrio entre respetar su privacidad y responder a ese instinto permanente de protegerlos, incluso de aquello que no vemos. Y eso, hoy en día, también se llama internet.
Por múltiples razones y debido a mi estilo de vida, las habitaciones de mis hijos tienen cámaras. No tienen redes sociales y sus dispositivos cuentan con controles parentales que, literalmente, les exigen mi autorización para muchas cosas. A veces hasta me genera conflicto, porque siempre he defendido el respeto por la autonomía y las decisiones de los demás.
Pero los riesgos de esta nueva realidad me hacen pensar que, por ahora, es una forma de evitar que estén expuestos a contenidos que quizá aún no tengan la madurez necesaria para interpretar. Y las cámaras, más que para vigilarlos —porque la verdad es que casi nunca las reviso—, funcionan como un recordatorio de que existe supervisión. Algo parecido a la premisa del panóptico de Michel Foucault: la sensación de ser observado influye en la conducta. Después de todo, trabajo y paso gran parte del día fuera de casa.
No sé si hoy podría seguir diciendo que “jamás sería una buena madre”. Lo que sí sé es que, estoy siendo lo mejor que YO puedo ser.
¿Y ustedes? ¿Qué cosas hacen para cuidar a sus hijos en estos tiempos? Los leo, no es por juicio, es para ampliar opciones siendo una migrante madre de adolescentes.
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