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Carta abierta de una venezolana a Danilo Medina


En primer lugar, debo expresar con firmeza: ¡Qué indignación tan grande nos genera a los venezolanos exiliados, leer titulares como; “Reanudan diálogo por la paz en Venezuela”!, ya que, si detenidamente examinamos la frase, pareciera que el objetivo buscado es la firma de un armisticio, ¿Pero dónde está la guerra?, en Venezuela sólo una de las partes de estas “conversaciones” posee el monopolio legítimo de la violencia, el gobierno. El pueblo, la otra facción desesperada que clama por sobrevivir a las carencias, a la delincuencia y a las enfermedades sin antídotos, esa parte acá no tiene voz y mucho menos armas para defenderse. 

Agradezco de antemano la disposición e interés por disponer del tiempo valioso de un mandatario nacional, su equipo y refuerzos de cooperación e integración regional para tan espinosa y complicada labor. Sin embargo, señor presidente, luego de 5 meses en “conversaciones”, ¿y que no se concretaran acciones inmediatas para aliviar la pena de 40 millones de personas?, esto solo agudiza la desesperanza alrededor del mismo.

Pensar que el Gobierno de Nicolás Maduro y una representación de la denominada Mesa de la Unidad democrática (MUD), esta última que por años representó la alianza de fuerzas políticas opositoras al régimen chavista, pero con toda propiedad y hablando por millones de venezolanos, carecen del interés político para representar los valores de un pueblo agonizante ante la situación más precaria que hemos vivido como civilización en toda nuestra historia republicana. 

Antes de ampliar, mis motivos por los cuáles preciso mi posición ante un diálogo que deviene desde mayo del 2016, sustentaré que personalidades como la de un permisivo Julio Borges “liderando” la bancada opositora, en su momento fue revestido con la autoridad legítima de Diputado para la Asamblea Nacional, le propinamos la confianza inicial para restaurar y defender a la nación de las cúpulas corruptas, se le asignó la presidencia del Parlamento y finalmente vaciló en tomar acciones asertivas en mayo de 2017, aceptando silente elecciones viciadas, aceptó un NO irregular en cuanto al Referéndum Revocatorio y finalmente perdió la oportunidad de capitalizar  el descontento popular que desde las calles exigía la renuncia del régimen, demostrando pocas destrezas en el quehacer político. Ni hablemos de Manuel Rosales, quien cada vez que hace una alocución pública es víctima de sus propias inconsistencias, y el resto del equipo que le acompaña, de buenas intenciones, pero sin la pertinencia necesaria, meros voceros de un partido abogando por los intereses del mismo, así se ve. 

Como venezolana residente en su país, el cuál nos ha recibido estos últimos años a raíz de la debacle económica, social y política que azota a mi patria, agradezco a Dios primero por la calidez, nobleza y buena voluntad que caracteriza al nativo dominicano, lo cual nos hace sentir un poco más cerca de nuestros parientes. Somos parte de una generación desmembrada que tuvo que elegir entre “quedarse y morir o salir y sufrir”, en vivir en naciones prestadas para los que decidieron salir ó aguantar hasta el momento en el que, sin alimentos, sin medicinas, sin autoridades que resguarden la integridad física de los ciudadanos, sin seguridad jurídica de la propiedad y sin medios para poder transportarnos, volvamos a un estado de naturaleza sin retorno hasta perecer.

Señor Presidente, Venezuela está en crisis absoluta, y con toda responsabilidad expreso que no hay ámbito de la vida de un venezolano que hoy día no padezca los efectos de tal situación. Y como tal, al hacer seguimiento a estas conversaciones que su gobierno y otros representantes de la comunidad internacional, como lo es el exjefe del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero y ex primer ministro de Portugal y actualmente Secretario General de las Naciones Unidas, el señor Antonio Guterres, no puedo hacer más que agradecer el gesto, pero mientras la facción chavista y opositora se hospedan en hoteles 5 estrellas de Santo Domingo, comen en restaurantes de altura como los que posee esta armónica ciudad del Caribe, la gente en mi tierra padece una crisis humanitaria inocultable, a pesar de que este vandálico régimen no ofrezca cifras oficiales de la inflación ni estadísticas importantes que maneja cualquier gobierno responsable como los de la pobreza, la mortalidad infantil o la desnutrición.

No deseamos ser tildados de malagradecidos, pues vemos con buenos ojos el esfuerzo realizado por su administración y de su Canciller Miguel Vargas, el cual; cito textualmente, “espera buscarle una salida a la crisis política” con estos debates, pero con franqueza, no es aquí en la ostentosa sede de su cancillería donde se sopesará la desgracia que nos embate.
Insisto, valoramos el apoyo, valoramos su gratitud a nuestro pueblo tricolor, reconocemos la importancia de pensar que la comunidad internacional se moviliza por aquella tierra al Norte de América del Sur. Pero seré directa en lo siguiente: con dictadores no se negocia, con Asambleas Nacionales Constituyentes ilegítimas no se negocia, con funcionarios públicos que por años se han enriquecido vil y descaradamente de las arcas del Estado no se negocia, con una secta mesiánica chavista que destruyó a la empresa líder de producción petrolera a nivel mundial, Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), no se negocia.  

Con un Régimen que ha violado nuestra Constitución Nacional de mil formas distintas y nos arrebató el estado de derecho democrático no se negocia, con un gobierno que vulneró y corrompió a nuestras Fuerzas Armadas Nacionales no se negocia, con un régimen que desapareció las Reservas Internacionales y devastó el aparato productivo nacional no se negocia, con un partido político fraudulento que armó a sus radicales y seguidores más fehacientes con fusiles y armas de alto calibre para darle la estocada a la ola de violencia e inseguridad más cruenta vista por una nación americana no se negocia, con una élite desesperada que necesita hacer alocuciones comunicacionales a su propios seguidores con cadenas obligatorias de radio y televisión, evidenciando los rasgos totalitarios de su régimen, no se negocia.

Con un dictador que secuestra el espectro radioeléctrico y restringe con medidas por parte de su ilegítima ANC el uso de medios digitales para silenciar el desespero en cada hogar del país, no se negocia.

Y para que confirme esto, no sería oportuno buscar “terreno neutral”, lo que los participantes y jueces necesitan es darse una vuelta por las calles y barriadas, instalar una sesión consultiva en el Barrio de Petare en Caracas (Barrio más populoso de Venezuela) donde se encuentran los verdaderos interesados en volver a la normalidad, el abastecimiento y la prosperidad.

El chavismo y sus corrientes posteriores son como un cáncer que infestó a Venezuela devorando sus recursos, y como tal debe ser extirpado para poder refundar a la República con progreso, dignidad y respeto al estado de derecho, por ende no puede haber otra demanda que no sea; la renuncia absoluta y definitiva de Nicolás Maduro Moros de la Presidencia de la República, gobierno de transición con tiempo bien definido e impostergable para la renovación de todos los poderes públicos; y las elecciones presidenciales. 

¡No es hora de matices, ni de procrastinar el futuro inmediato de Venezuela, es tiempo de cambios inmediatos!.

Politóloga Joliany Lira

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