En
primer lugar, debo expresar con firmeza: ¡Qué indignación tan grande nos genera
a los venezolanos exiliados, leer titulares como; “Reanudan diálogo por la paz en Venezuela”!, ya que, si
detenidamente examinamos la frase, pareciera que el objetivo buscado es la
firma de un armisticio, ¿Pero dónde está la guerra?, en Venezuela sólo una de
las partes de estas “conversaciones” posee el monopolio legítimo de la violencia,
el gobierno. El pueblo, la otra facción desesperada que clama por sobrevivir a
las carencias, a la delincuencia y a las enfermedades sin antídotos, esa parte
acá no tiene voz y mucho menos armas para defenderse.
Agradezco
de antemano la disposición e interés por disponer del tiempo valioso de un
mandatario nacional, su equipo y refuerzos de cooperación e integración
regional para tan espinosa y complicada labor. Sin embargo, señor presidente, luego
de 5 meses en “conversaciones”, ¿y que no se concretaran acciones inmediatas
para aliviar la pena de 40 millones de personas?, esto solo agudiza la
desesperanza alrededor del mismo.
Pensar
que el Gobierno de Nicolás Maduro y una representación de la denominada Mesa de
la Unidad democrática (MUD), esta última que por años representó la alianza de
fuerzas políticas opositoras al régimen chavista, pero con toda propiedad y
hablando por millones de venezolanos, carecen del interés político para
representar los valores de un pueblo agonizante ante la situación más precaria
que hemos vivido como civilización en toda nuestra historia republicana.
Antes
de ampliar, mis motivos por los cuáles preciso mi posición ante un diálogo que
deviene desde mayo del 2016, sustentaré que personalidades como la de un
permisivo Julio Borges “liderando” la bancada opositora, en su momento fue
revestido con la autoridad legítima de Diputado para la Asamblea Nacional, le
propinamos la confianza inicial para restaurar y defender a la nación de las
cúpulas corruptas, se le asignó la presidencia del Parlamento y finalmente vaciló
en tomar acciones asertivas en mayo de 2017, aceptando silente elecciones
viciadas, aceptó un NO irregular en cuanto al Referéndum Revocatorio y
finalmente perdió la oportunidad de capitalizar el descontento popular que desde las calles
exigía la renuncia del régimen, demostrando pocas destrezas en el quehacer
político. Ni hablemos de Manuel Rosales, quien cada vez que hace una alocución
pública es víctima de sus propias inconsistencias, y el resto del equipo que le
acompaña, de buenas intenciones, pero sin la pertinencia necesaria, meros
voceros de un partido abogando por los intereses del mismo, así se ve.
Como
venezolana residente en su país, el cuál nos ha recibido estos últimos años a
raíz de la debacle económica, social y política que azota a mi patria,
agradezco a Dios primero por la calidez, nobleza y buena voluntad que
caracteriza al nativo dominicano, lo cual nos hace sentir un poco más cerca de
nuestros parientes. Somos parte de una generación desmembrada que tuvo que
elegir entre “quedarse y morir o salir y
sufrir”, en vivir en naciones prestadas para los que decidieron salir ó
aguantar hasta el momento en el que, sin alimentos, sin medicinas, sin
autoridades que resguarden la integridad física de los ciudadanos, sin
seguridad jurídica de la propiedad y sin medios para poder transportarnos,
volvamos a un estado de naturaleza sin retorno hasta perecer.
Señor
Presidente, Venezuela está en crisis absoluta, y con toda responsabilidad
expreso que no hay ámbito de la vida de un venezolano que hoy día no padezca
los efectos de tal situación. Y como tal, al hacer seguimiento a estas
conversaciones que su gobierno y otros representantes de la comunidad
internacional, como lo es el exjefe del gobierno español José Luis Rodríguez
Zapatero y ex primer ministro de Portugal y actualmente Secretario General de
las Naciones Unidas, el señor Antonio Guterres, no puedo hacer más que agradecer
el gesto, pero mientras la facción chavista y opositora se hospedan en hoteles
5 estrellas de Santo Domingo, comen en restaurantes de altura como los que
posee esta armónica ciudad del Caribe, la gente en mi tierra padece una crisis
humanitaria inocultable, a pesar de que este vandálico régimen no ofrezca cifras oficiales de la inflación ni
estadísticas importantes que maneja cualquier gobierno responsable como los de
la pobreza, la mortalidad infantil o la desnutrición.
No
deseamos ser tildados de malagradecidos, pues vemos con buenos ojos el esfuerzo
realizado por su administración y de su Canciller Miguel Vargas, el cual; cito
textualmente, “espera buscarle una salida a la crisis
política” con estos debates, pero con franqueza, no es aquí en la ostentosa
sede de su cancillería donde se sopesará la desgracia que nos embate.
Insisto,
valoramos el apoyo, valoramos su gratitud a nuestro pueblo tricolor,
reconocemos la importancia de pensar que la comunidad internacional se moviliza
por aquella tierra al Norte de América del Sur. Pero seré directa en lo
siguiente: con dictadores no se negocia, con Asambleas Nacionales Constituyentes
ilegítimas no se negocia, con funcionarios públicos que por años se han
enriquecido vil y descaradamente de las arcas del Estado no se negocia, con una
secta mesiánica chavista que destruyó a la empresa líder de producción
petrolera a nivel mundial, Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), no se negocia.
Con un
Régimen que ha violado nuestra Constitución Nacional de mil formas distintas y
nos arrebató el estado de derecho democrático no se negocia, con un gobierno que
vulneró y corrompió a nuestras Fuerzas Armadas Nacionales no se negocia, con un
régimen que desapareció las Reservas Internacionales y devastó el aparato
productivo nacional no se negocia, con un partido político fraudulento que armó
a sus radicales y seguidores más fehacientes con fusiles y armas de alto
calibre para darle la estocada a la ola de violencia e inseguridad más cruenta
vista por una nación americana no se negocia, con una élite desesperada que
necesita hacer alocuciones comunicacionales a su propios seguidores con cadenas
obligatorias de radio y televisión, evidenciando los rasgos totalitarios de su
régimen, no se negocia.
Con un
dictador que secuestra el espectro radioeléctrico y restringe con medidas por
parte de su ilegítima ANC el uso de medios digitales para silenciar el
desespero en cada hogar del país, no se negocia.
Y para
que confirme esto, no sería oportuno buscar “terreno neutral”, lo que los
participantes y jueces necesitan es darse una vuelta por las calles y
barriadas, instalar una sesión consultiva en el Barrio de Petare en Caracas
(Barrio más populoso de Venezuela) donde se encuentran los verdaderos
interesados en volver a la normalidad, el abastecimiento y la prosperidad.
El
chavismo y sus corrientes posteriores son como un cáncer que infestó a
Venezuela devorando sus recursos, y como tal debe ser extirpado para poder
refundar a la República con progreso, dignidad y respeto al estado de derecho,
por ende no puede haber otra demanda que no sea; la renuncia absoluta y definitiva
de Nicolás Maduro Moros de la Presidencia de la República, gobierno de
transición con tiempo bien definido e impostergable para la renovación de todos
los poderes públicos; y las elecciones presidenciales.
¡No es hora de matices,
ni de procrastinar el futuro inmediato de Venezuela, es tiempo de cambios
inmediatos!.
Politóloga Joliany Lira
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